Imaginemos que dos personas están de acuerdo en hablar de algo, y viene una tercera y aprovecha un momento de silencio, una palabra cogida al vuelo, para colar una anecdota que no tiene nada que ver. Sigamos imaginando pensemos que nuestro aprovechado encima no tiene gracia contando, es torpe, se enrolla, pierde el hilo y lo que es peor hace perder el tiempo a nuestros dos interlocutores originales que en este momento desearían, de hecho lo desean, no han dejado de hacerlo, estar tratando el tema original.

Hay una solución sencilla: decirle que se calle, o que no se enrolle tanto o sugerirle que se atenga al tema que no se desvíe. El otro, naturalmente, se lo puede tomar a mal, lo que para los otros es una cháchara insufrible para él es una historia muy graciosa y con mucha miga, además muy adecuada al tema aunque llegado el caso no sepa aclarar dónde exactamente reside esa adecuación.

A veces es más fácil poner unas normas, o si se prefiere unos "acuerdos" previos como que hay que intentar ajustarse al tema, no enrollarse, no poner demasiados ejemplos, no dar explicaciones salvo que te las pidan, ir al grano, no consumir demasiado tiempo, no repetir argumentos, no hacer ennumeraciones exhaustivas, y algunas otras que no me acuerdo.

Eso, normalmente, la gente "lo tendría que saber" pero me encuentro con casos en los que no lo saben, es más, su ignorancia es supina. Y encima no son capaces de darse cuenta de que no lo saben. Si les criticas un poco reaccionan con una cierta pasivo-agresividad y se enrollan más: "¿no quieres caldo? pues ¡toma! taza y media".

Luego está el que te dice que la metacomunicación no aporta nada que hay que hablar sobre las cosas, incluso para criticarlas pero no hablar sobre hablar. Por cierto, al decir esto ya está "hablando sobre hablar" precisamente para decir que no hay que hacerlo. (Platón dice: "lo próximo que Sócrates diga es mentira" Sócrates contesta: "Platón tiene razón"). Nadie puede hacerlo, controlar la comunicación, salvo yo que digo que no se puede controlar la comunicación, y en ese mismo momento estoy haciendo lo que digo que no se puede hacer.

¿En qué quedamos? ¿Se puede? ¡Hagámoslo todos! ¿No se puede? ¡No lo haga nadie!

Pero eso sí, en este último caso, preparémonos para las chapas insufribles que se avecinarán.

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