La historia es muy sencilla: él feo, ya mayorcito, pon treinta y tantos cuarenta y algunos, con un buen pasar y piso propio. Cansado de lidiar con las mujeres de su país decide probar suerte en internet con las de paises más pobres, en una página de cuya url no quiero acordarme.

Ella guapa, guapísima, joven, pon veintitantos treinta y algunos y enfermera.

Todo es simple y rápido. Se conocen, hablan, se gustan y ella le dice varias veces que está dispuesta a irse con él a la madre patria (aunque si es madre… ¿tendría que ser "matria", no?) pero no tiene dinero para el billete de avión. Él se lo paga.

Llega, está tan buena como en la foto o más, van a casa, hacen el amor una y otra vez hasta hartarse. Él nunca se vió en otra igual, una hembra de verdad para él, a prácticamente nada dice que no, nada le da asco, muchas cosas es ella quien las propone. En fin: el paraiso en la tierra.

Sin embargo, a los tres días, cuando ya ha decorado la casa a su gusto (a su gusto pero con el dinero del maromo, para algo la casa es suya) empieza el asedio. ¡Ay, mi amol! yo no puedo entregarme totalmente a alguien que no está dispuesto a darme una prueba definitiva de su "amol" como es casarnos, si al fin y al cabo es sólo firmar un papel, no va a cambiar nada.

Tanto insiste que él, a las dos o tres semanas sin decirle para qué la lleva a un idílico parador de lujo donde… ¡Oh! ¡Sorpresa! Esperan todos sus amigos y un cura.

Imaginemos la escena, él de rodillas delante de ella en medio de todos: "Cariño, como sé que te hace ilusión he decidido pedirte que me hagas el honor de convertirte en mi esposa". "¡Sí, sí, sí!" dice ella sin dejarle apenas terminar.

Se casan ahí mismo tras unos breves preparativos, ella que no da importancia al vestido, se pone uno blanco de noche que siempre suele llevar, por si acaso, en el equipaje. Luego banquete, baile, borrachera, resaca el domingo y, sin viaje de novios, a trabajar el lunes.

El paraiso sigue igual durante un tiempo. La casa impecablemente limpia, las comidas a su hora, calientes, sabrosas, el sexo apasionado prácticamente a cada noche, algunas mañanas y de vez en cuando durante el día. Salvo unas mínimas tiranteces porque ella se empeña en comprarse ropa cara y él no suele ceder. En definitiva todo lo que un marido puede desear.

Hasta que un día ella se va, y vuelve al cabo de un tiempo con un hombre trajeado, es su abogado. Ha ido a una asociación de defensa de la mujer, se ha informado, le ha denunciado por maltrato psicológico (no hay la menor marca para poder justificar el físico) y ha pedido el divorcio.

A él se le cae el alma a los pies, todo esto lo ha estado planeando y ejecutando mientras le cuidaba, mientras le amaba, mientras le daba el mejor sexo que ha tenido nunca. Y, claro, al casarse tan rápido, no hicieron capitulaciones, luego el régimen económico matrimonial es… ¡cierto! acertaron ustedes: gananciales.

Por lo pronto se quedará con el usufructo de la casa y como no trabaja él tendrá que pasarle una pensión compensatoria…

Hasta ahí la historia, a partir de ahora…

El Cabronazo Hijoputa al rescate!!!

Perdone usted señor letrado, no sé de qué me está hablando. Esta señora no puede pedir el divorcio por la sencilla razón de que NO estamos casados. Es una amiga a la que invité a venir y quedarse unos días en mi casa, nada más.

Entonces ella, indignada, saca el papel que tan celosamente guarda, el certificado de matrimonio.

Primero, los datos que constan ahí no coinciden con los mios, ni los apellidos, ni el número del DNI, ni la fecha de nacimiento, pero es que encima este papel está firmado por don "Tom Sawyer" y yo me llamo Juán García.

Explicación para quien aún no lo haya pillado: él, cuando ella insistía tanto en el matrimonio, empezó a sospechar, unos amigos le recomendaron capitulaciones matrimoniales, pero otro, más cabrón, y quizá también más listo, le dijo: "No, hombre, así sabría ella lo que pasa y no te trataría tan bien, y puede que nunca te llegues a enterar de sus verdaderas intenciones. ¡Cásate! y hazlo como si lo hicieras de verdad, pero ‘Yo’ seré el cura".

Ante las reticencias de nuestro protagonista… "mira, si la chica es buena y no viene por el interés, al cabo de un par de años o tres y con el pretexto de renovar los votos, vas a una iglesia, te casas de verdad, y asunto arreglado".

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